Un paseo por el Cádiz de La Pepa

Constitucion de 1812

Una de las cosas que más me gusta hacer cuando visito una ciudad es recorrerla a los ojos de la historia. Y aprovechando la futura celebración del Bicentenario de las Cortes de 1812, el Consorcio de la Celebración de este evento ha creado una ruta para recorrer aquella Cádiz sitiada por el Ejército Imperial francés, para visitar sus lugares emblemáticos y para conocer algunas anécdotas.

Dicho y hecho, mapa y guía en mano me dispuse a cumplir con un recorrido que comienza en la Plaza de España, justo enfrente del Palacio de la Diputación Provincial, donde se leyó por primera vez la constitución de 1812, La Pepa. El centro de esta bonita plaza-jardín lo ocupa el fastuoso Monumento a las Cortes, Constitución y Sitio de Cádiz, con su pilar de 32 metros altura donde se encuentra el texto constitucional.

De ahí llegamos a la Plaza de las Nieves, como se la conocía por aquel entonces, que ahora se llama Plaza de Argüelles, en honor del diputado Don Agustín de Argüelles por ser quien redactó el Preámbulo de la Constitución entre otros honores. A pie recorreremos los altos de la Muralla de San Carlos, y contemplaremos la Bahía donde fondeaban barcos ingleses y españoles que protegían la ciudad.

Nuestras pasos nos llevan a la Alameda Apodaca, que hoy sigue enamorando a todo el que la cruza igual que lo hacía hace doscientos años. Lugar de reunión de todas las clases de la sociedad gaditana, a unos pasos de ella tenemos la Iglesia del Carmen, en la que se celebró una ceremonia de acción de gracias en honor a La Pepa.

Bajamos por la Calle Bendición de Dios para llegar a la Plaza del Mentidero, hervidero de chismes y rumores alejado del alcance de la artillería fanfarrona. Cruzando la Calle Veedor, donde se alojó nada menos que el Duque de Wellington, llegamos a la Plaza de San Antonio, uno de los lugares más bonitos y familiares de la ciudad. Todavía se conservan edificios con elementos decimonónicos, como la casa donde se instauró la Loteria Nacional o el Café Apolo, conocido en la época como las Cortes chicas, por sus incesantes tertulias políticas.

Bajando la Calle Torre llegamos a uno de los puntos más importantes de nuestro recorrido y en el que más tiempo me ocupé, el Oratorio de San Felipe Neri, un edificio lleno de detalles, de placas y de gran relevancia histórica. No en vano, fue aquí en donde se ideó, se debatió y se firmó la Carta Magna, amén de celebrarse 1.487 sesiones de las Cortes ante la atenta mirada de los habitantes de la ciudad, que ocupaban la parte alta del edificio en lo que pasó a llamarse El Paraíso. Aquí también se encuentra el Museo de las Cortes, con su famosa maqueta a escala del Cádiz de la época.

La última fase de la ruta me llevó por varías calles que en aquel 1812 eran de lo más transitadas. Así, mis pasos desembocaron en la Calle Ancha, bautizada por Benito Pérez Galdós como el corazón de España, y en la Calle San Francisco, dos travesías llenas de cafés y fondas. Si algo se cocía en la ciudad, allí se sabía antes que en ningún sitio. Si tenemos tiempo, estamos a dos pasos de la Torre Tavira y del Convento de San Francisco, dos de los puntos más altos de la ciudad y de recomendable visita.

Si quieres llevar a cabo esta ruta, podeis haceros con la guía y el mapa que encontrareis en la web del Bicentenario de las Cortes. La verdad es que, habiendo recorrido Cádiz mil veces, descubrí mil rincones diferentes y oí mil historias que nunca había oído, sólo mirando con otros ojos el camino.

Foto Vía Liberalismo On Line

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