Los pilones de Cádiz, torres que vencieron la Bahía

Pilones de Cadiz

Cuando te hablan de Patrimonio Histórico, uno piensa en grandes catedrales, en iglesias especialmente ornamentadas, en castillos, ruinas árabes o romanas o casas-palacio de algún archiduque. Por eso, tengo que reconocer que fui el primer sorprendido al saber que estas estructuras eran consideradas no sólo Patrimonio Histórico, sino también Bien de Interés Cultural.

Os hablo de los Pilones de Cádiz, las dos enormes torres de luz que salvan la barrera natural que supone la Bahía de Cádiz para transportar la electricidad. Las dos grandes estructuras de acero son un elemento identificativo de la ciudad, una especie de puerta, de registro de entrada.

A un lado, el de Puerto Real, encontramos la Torre de Matagorda, con 160 metros de altura. Al otro, en la zona de Puntales en Cádiz, encontramos la Torre de Puntales, con 156 metros de altura. Ambas se encuentran distanciadas una de otra en algo más de kilómetro y medio.

El diseño del proyecto lo realizó el ingeniero italiano Alberto Toscano, y su construcción comenzó en 1955 para terminarla 4 años después aproximadamente, bajo la supervisión del también ingeniero italiano Remo Scalla. Anteriormente, se había estudiado el levantar el tendido eléctrico por el istmo de San Fernando, tal y como están por ejemplo las vías del tren que comunican Cádiz con el resto de España. Pero ese proyecto se desechó por la alta salinidad de la zona.

Las torres presentan un aspecto muy peculiar que hace que estas construcciones de acero sean casi únicas en el mundo. La base mide alrededor de 20 metros de diámetro, y la torre se eleva de forma cónica hasta reducirse a 6 metros de diámetro en su punto más alto.

Otra de sus características peculiares es la escalera en forma de espiral que tiene alrededor de la torre, y que permite a los técnicos acceder hasta arriba del todo. Por supuesto, estos accesos no están abiertos al público, aunque no sería mala idea que se organizaran alguna que otra vez visitas organizadas. Las vistas a esa altura sobre el nivel del mar tienen que ser fascinantes.

Para terminar, no puedo dejar pasar lo que suponen en mí estas enormes torres de luz. Cada vez que me desplazo en coche a Cádiz, la imagen de los pilones y de las gigantescas grúas de Astilleros, allá en la distancia, me avisan que ya estoy en Cádiz, que ya he llegado a mi destino.

Foto Vía Thithia

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