Jerez de la Frontera y el flamenco

La Paquera de Jerez

Sobre el incierto hecho de cuándo llegó el flamenco a Jerez de la Frontera, permítanmente ustedes que lo deje en manos de los sabios y eruditos del tema, porque para hablar de tiempos remotos y ancestrales ya están los investigadores del caso. Lo que está claro es que de flamenco y de Jerez se tiene que hablar a partes iguales, porque el uno sin el otro no dejan de ir de la mano.

Tanto se ha dicho que Jerez es cuna del arte y del compás que repetirlo sería de perogrullo. Sin embargo, y a pesar de que nos gusta cómo suena esa palabra, nosotros acometemos el susodicho perogrullo y lo repetimos con creces. Cuna del arte y del compás, del toque de palmas y el cante por bulerías, Jerez es flamenco, y quien diga lo contrario tiene menos oído que una zapatilla de esparto.

San Miguel y Santiago son los dos barrios por antonomasia del flamenco en la ciudad. En cualquiera de sus callejuelas y rincones se oye a veces el restañar de un quejío y el terremoto de arte que forma un taconeo sobre las maderas de un piso. Entre bulerías, tonás, siguiriyas, soleás y tangos, la hondura de cada uno de estos palos del flamenco es lo que sencillamente lo hace tan íntimo y universal.

Sí podemos comenzar a hablar de cantaores flamencos en Jerez desde el siglo XVIII, con el Tío Luis, el de la Juliana, creador de la toná grande, o Tía María, a la que llamaban la Jaca, además de Tía Salvaora y los tíos Vicente y José, a quienes se les conocía como Macarrón, una impresionante dinastía flamenca que llega a nuestros días con la bailaora Juana la Macarrona entre otros.

En el siglo XIX hay que quedarse con María la Regalá, Tío Manuel Purgante, Tío Mateo, la Sandita, Juanelo o el Loco Mateo. Y entre medias del XIX y el XX el poderoso Antonio Chacón, al que los maestros llamaban de Don, y Manuel Torre, de quien dicen que fue el cantaor de la literaria Generación del 27, y a quien el propio Federico García Lorca le dedicó aquel poema que comenzaba: «A Manuel Torre, niño de Jerez, que tiene tronco de faraón».

El siglo XX no se queda atrás en cuanto a grandes cantaores del flamenco jerezano. Ahí están José Soto, José Cerero, Tía Anica la Piriñaca, El Borrico, El Agujeta, La Paquera, la tremenda saga de los Terremoto, Capullo de Jerez, José Mercé y muchos y muchos otros que nos dejamos en el camino por falta de tiempo, espacio, pero ni mucho menos por falta de arte.

Volvemos a citar a Federico, el poeta granadino, a quien sus palabras le llevaron a decir que el flamenco es la cultura de la sangre. Si os alojáis en Jerez y tenéis la suerte de vivir algunas de sus fiestas dedicadas al flamenco no podréis estar más de acuerdo con el insigne poeta. Cuna del arte y el compás, como para que digan lo contrario…

Foto Vía Rejondo

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