El Alcázar de Jerez de la Frontera

Alcazar de Jerez de la Frontera

Vigilando Jerez. Así parece que ha permanecido siempre el Alcázar de Jerez de la Frontera, aunque años ha que se halla de lleno en lo que es la ciudad. Ya dejó tal vez atrás, en la noche de los tiempos, su alma de centinela vagar por la Alameda Vieja, la enorme plaza, parque o como quiera llamarse, que se extiende a sus pies.

Sin embargo el Alcázar vuelca sus miras desde la altura, mirando como un padre mira los ecos de la Catedral de San Salvador que corre en piedra un poco más abajo. Alcázar de mahometanos y cristianos, Alcázar de andaluces y de domingos de rastrillo en la Alameda Vieja, cuando allí se celebraba, y de mediodías de sillas de madera plegable frente al teatrillo de marionetas y el templete, donde comenzaba a sonar la Banda Municipal de Música.

Alcázar de enorme torre octogonal cubierta de hiedra, del verde más verde que vi en Jerez. Alcázar al otro extremo de la Torre del Rayo, o la de Ponce de León, levantada algo más tarde que el resto de la fortaleza. Alcázar de Torre del Homenaje, por donde hoy entramos al recinto, ya muy turístico, pero sin perder el encanto de lo viejo, medieval y recoleto.

Muchos turistas suben directamente a la Cámara Oscura, una especie de observatorio en el que, al entrar en una habitación a oscuras, se puede divisar toda la ciudad de Jerez a través de unas lentes. Sin embargo, para mí gusto lo mejor del interior del Alcázar es la Capilla de Santa María, un recinto que rezuma historia, misterio y un poso de nostalgia.

Esta capilla es una auténtica maravilla, una antigua mezquita musulmana reconvertida en oratorio cristiano. Cuenta la leyenda, y esta es de esas leyendas que sí son ciertas, que el propio Alfonso X, maravillado y lleno de asombro, prohibió tocar ni siquiera una piedra de esta capilla.

De unos años a esta parte el Alcázar, afortunadamente, ha sido remodelado y restaurado. Hoy da gusto visitar su interior, con sus preciosos jardines y los baños árabes. Suele haber en los últimos años pequeños conciertos de verano en el interior, lo que le da un halo mágico muy interesante.

Alcázar en el que han llegado a encontrarse vestigios romanos, Alcázar de almohades, de walíes y reyezuelos agarenos, Alcázar de noches de verano, o de bohemia, que por estas tierras suenan lo mismo. Alcázar de recuerdos, de citas y despedidas que bajan revoloteando desde la memoria. La noche se detenía aquí, llamando desde sus torres y atalayas al horizonte de la infancia.

Foto Vía Twiga Swala

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