Leyendas de Arcos de la Frontera

Arcos de la Frontera

Arcos de la Frontera siempre ha estado rodeada de una gran variedad de tradiciones y culturas. La ciudad se sitúa a la cabeza de la histórica Ruta de los Pueblos Blancos. Su posición estratégica ha sido pieza clave para ser cuna de múltiples asentamientos. Los romanos la llamaron Arx Arcis, «fortaleza en la altura», los musulmanes influyeron en su arquitectura, y por último los cristianos, formaron más tarde con ella el reino de Castilla.

Arcos es hoy sin duda uno de los pueblos más bonitos de España. Hay muchas leyendas que corren por sus calles, en la tradición oral de sus habitantes. Todas ellas empapadas de la rica y variada historia y cultura de la ciudad. La mayoría de ellas se centran en el castillo y la peña. Os queremos contar algunas que creemos que son las más interesantes.

La mayoría de los habitantes de Arcos os hablarán del dragón que hay dormido en el interior de la peña de Arcos, y que, cuando despierta, hace sonar los acantilados. Debajo de la peña siempre se ha contado la historia de los pasadizos secretos de la ciudad, aunque nunca se ha logrado demostrar tales afirmaciones. Esta leyenda data de la época en la que los cristianos conquistaron Arcos a los musulmanes.

Los cristianos estaban intentando encontrar un camino que los llevara hasta el castillo de Arcos, mientras que la reina musulmana estaba intentando escapar del asedio. Una noche, la reina pasó por los pasillos secretos con su bebé, y los cristianos escucharon el llanto del niño, encontrando así la forma de poder llegar hasta el castillo.

Otra leyenda se refiere a dos de las torres del castillo de Arcos. El duque que vivía en el castillo tuvo una hija que estaba enamorada de un joven de una familia de clase inferior. El duque de Arcos no podía aceptar este enlace, por lo que encerró a su hija en una de las torres del castillo, mientras que el joven tuvo que ser asesinado en la otra torre para evitar el posible casamiento.

Dicen que, ese día, dos palomas volaron de cada torre, y cuando los guardias entraron en la torre para liberar a la hija del duque, no estaba allí, ni tampoco el cuerpo del joven en la otra torre. Muchas personas de Arcos dicen hoy en día que aún se pueden ver muchas veces dos palomas revoloteando por los alrededores del castillo.

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