Senderismo en el Cerro de Coros en Grazalema

Cerro Coros

Hoy os ofrecemos la posibilidad de irnos de senderismo en la Sierra de Grazalema, concretamente una fácil caminata hasta el conocido Cerro de Coros, que ofrece desde su cima unas vistas espectaculares. Se puede subir también en coche, a través de una carretera, pero nosotros, que somos aventureros por naturaleza, nunca mejor dicho, hoy nos atrevemos a pie.

La altura de este cerro, que en algunos lugares también vemos llamado como Pico de Coros, es de 1328 metros (la zona de aparcamiento, concretamente, está a 1157 metros). La caminata nos llevará casi dos horas, recorriendo sus casi tres kilómetros. La recompensa desde la cima serán las maravillosas vistas desde arriba, con los buitres leonados sobrevolando la zona. El terreno es accidentado, con pastos y piedra caliza, además de algunos robles.

Nos situamos en el Puerto de las Palomas, en la carretera que une Zahara de la Sierra y Grazalema, justo en el lugar conocido como el Mirador. En el aparcamiento de la zona, al lado izquierdo, comienza una ligera inclinación de terreno. El camino se hace estrecho por culpa de las rocas. Entre estas rocas hay una gran cantidad de plantas que se han adaptado al terreno, tales como el espliego o el lino blanco.

El camino sigue subiendo de manera constante, pasando por piedras sueltas, algunas de gran tamaño. A lo largo de nuestro camino veremos típicos ejemplos de pinsapo, que son propias de esta zona de España. Pero no será una zona tan densa como los que hay en la Sierra del Pinar, en la vertiente norte de donde nos encontramos.

Comenzaremos ya a tener interesantes vistas de la montaña donde se ubica Zahara de la Sierra, y justo detrás el pueblo de Algodonales, con la Sierra de Líjar a sus espaldas. La vista del embalse de Zahara, que constituye la frontera norte del parque, pondrá el punto azul a la subida. Aún se puede apreciar, en algunos tramos, las consecuencias que acarreó el tremendo incendio que se produjo en la zona en 1992. Veréis como algunos robles aún no se han repoblado del todo.

El camino es muy fácil de seguir, por eso no os preocupéis, gracias a los bordes de piedra que lo delimitan. En ocasiones, sí es verdad, hay algunas matas con espinos, pero nada importante. En primavera se pueden ver preciosos arbustos de flores amarillas, orquídeas y robles. En cualquier aparte se puede descansar un poco. Quizás, ya a estas alturas, escuchemos el graznido de los buitres leonados sobre nuestras cabezas.

Casi en la parte final, hay que tener un poco de cuidado, sobre todo las personas que padezcan vértigo, ya que hay fuertes pendientes que caen hasta el valle del Gaidóvar. Las colinas están cubiertas de robles, y quizás al fondo podamos ver la silueta entrecortada de Ronda. La floración en primavera es muy abundante en esta zona.

Aquí ya veréis los acantilados en donde anidan los buitres leonados, que cuidan a sus crías de enero a agosto, para dormir en invierno. Son aves majestuosas, que descienden desde el aire hasta el acantilado. El camino vuelve a subir un poco, dejando atrás los acantilados, y encontrándonos con una gran vereda de robles. Una gran explanada nos ofrece las vistas de muchas mariposas, sobre todo en junio. En mayo y junio, las peonías añaden un brillante rosa al verde del paisaje.

Desde allí se puede tomar el camino que transcurre a través de un bosque de pinos piñoneros. A la sombra de estos árboles, muchas arañas tienen sus nidos, no os asustéis. Desde allí podemos iniciar nuestro descenso, volviendo a contemplar las maravillosas vistas que se nos presentan.

Para hacer esta ruta no hace falta ningún permiso, y es conveniente realizarla un día despejado, para que las vistas sean idóneas. Sólo hay que tener un poco de cuidado cuando lleguéis a los acantilados, y queráis observar a los buitres. No es muy recomendable hacer la ruta en verano, ya que apenas hay sombra a lo largo del camino. De todas maneras, si la hacéis bien tempranito por la mañana, no hay problema.

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Categorias: Rutas Turísticas



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