La ruta de la Garganta Verde en el Parque de Grazalema

La Gargante Verde es un impresionante desfiladero de 300 metros de profundidad tallado en la piedra caliza por el río Bocaleones. Una vez que llegamos al comienzo del cañón, miles de rocas y cantos rodados a lo largo del lecho del río hace que nos sea difícil el acceso, pero la belleza de este sendero se encuentra sobre todo en el paisaje y la vida silvestre que, como nosotros, caminará hacia abajo.

El paseo se encuentra dentro de una zona de especial protección del Parque Natural de Grazalema, por lo que se necesita un permiso gratuito para hacerlo, permiso que se puede solicitar llamando por teléfono al 956 72 70 29 o bien visitando las oficinas del parque en El Bosque. El permiso puede ser obtenido el mismo día por la mañana que vayamos a hacer la excursión. Hay que tener en cuenta que la ruta está cerrada durante el verano, sobre todo debido a los riesgos de incendio.

Una vez que hayamos conseguido nuestro permiso, conduciremos a lo largo de la antigua carretera de Zahara hasta el puerto de las Palomas y Grazalema, la CA-531. La excursión comienza a unos pocos cientos de metros antes del puerto del Acebuche, donde veremos un aparcamiento y una pequeña cabaña de madera, la del guardaparques, en el lado derecho.

Al principio, la ruta es engañosamente plana, y estaremos rodeados de una impenetrable vegetación de arbustos mediterráneos, como algarrobos, olivos silvestres, palmitos, etc… También nos encontraremos con pequeños jilgueros. Tras unos 500 metros hay una desviación hacia abajo que nos lleva a un pequeño mirador desde donde podremos ver, a la izquierda, y en la distancia, los emblemáticos picos de la Sierra del Pinar, donde en la parte inferior de las laderas, crece el famoso pinsapar, un bosque de abetos casi único en Europa, y que sobreviven aquí gracias al microclima de la zona.

La garganta corre a izquierda y derecha bajo nuestros pies, y rápidamente veremos el porqué de su nombre, ya que se encuentra casi completamente oculta por una vegetación exuberante. Volviendo al camino principal, el descenso empieza a zigzaguear y se vuelve cada vez más pronunciado ( ojo, porque cruzaremos una señal que nos advierte de no hacer ruidos muy fuertes por riesgo de caídas de rocas, que para nada son frecuentes, ni mucho menos ).

En esas rocas viven una gran cantidad de buitres leonados. Hay que estar atentos, porque podremos contemplar otras aves, como los halcones peregrinos, más difíciles de ver que los buitres, pero que sobrevuelan cerca. Cuando lleguemos a la parte inferior de la ruta, giraremos a la derecha y pasaremos por una pequeña cueva a nuestra izquierda. A medida que continuamos por el cañón, la vegetación se convierte en higueras y adelfas.

Después de unos pocos cientos de metros se llega a una cueva más grande llamada la Ermita o el Santuario, con una serie de impresionantes estalagmitas y estalactitas. Oficialmente, este es el final de la ruta, aunque los más aventureros a menudo siguen a través de los cantos rodados que abundan en este tramo. Es por eso que, como no estamos especializados en escalada, volvemos sobre nuestros pasos.

El paisaje es hermoso y la avifauna abundante. Todo ello nos brindarán muchas oportunidades para detenernos y contemplar lo que nos rodea, sacar nuestras fotos, y respirar aire puro. Nunca viene mal un poco de relajación con los tiempos que corren.

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Categorias: Parques Naturales



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