Los Vinos de Jerez y su entorno

Bodega jerezana

Cuando alguien visita la provincia de Cádiz, y se acerca a Jerez de la Frontera y su entorno, además de disfrutar con la calidez de sus gentes, el buen flamenco y los caballos, es imprescindible sentarnos en un buen lugar y saborear el oro vivo de la tierra, el vino jerezano. Desde aquí os queremos dar a conocer brevemente, pero con las pinceladas básicas, los diferentes tipos de vino que podéis probar, porque cada cual tiene su embrujo, cada cual tiene una particularidad llamativa que lo hace único e irrepetible. Yo os aconsejo todos y cada uno de ellos, pero claro, con tiempo y moderación.

En Jerez los vinos de dividen en dos: los vinos encabezados hasta unos 15 grados de alcohol, y otros hasta 17. Los vinos hasta 15 grados se caracterizan por un intenso perfume. Entre ellos podemos destacar los siguientes:

VINO FINO

Es un tipo de vino muy sensible a la humedad y la temperatura, con lo que se debe criar en sitios muy especiales de una bodega, con suelos de tierra o albero, y temperatura fresca. Dentro de la bota en que envejece el vino, debe haber gran cantidad de aire para que pueda vivir la levadura del alcohol. Así pues, las botas no se llenan totalmente. De ahí su color amarillo característico a pesar de criarse varios años entre la madera de las botas. Es un vino que se toma cada vez que vayamos de aperitivo, a tapear, debido a su baja acidez, o bien para degustar. No es muy común para las horas de comida.

LA MANZANILLA

Es más propia de la zona de Sanlúcar de Barrameda, aunque también se da en el Puerto de Santa María y Jerez. Pero la buena Manzanilla, por las condiciones de esta ciudad en cuanto a temperatura, se da en Sanlúcar de Barrameda. Es una variedad del vino fino, pero con un color amarillo menos intenso, y se suele tomar en las mismas condiciones que el vino fino, en la sobremesa. A las 12 del mediodía, con una tapita, es lo ideal, o a la caída de la tarde, antes de la cena.

AMONTILLADO

El amontillado es el vino fino que adquiere una mayor tonalidad amarilla debido a la pérdida de la levadura en el interior de la bota, adquiriendo un tono ambarino. El aroma ya no es tan seco como el fino, sino que tiende a ser avellanado. Se suele conocer también como fino pasado. Ni mucho menos son vinos de inferior calidad. Yo no los conocía hasta hace mucho, pero si los probáis a media tarde, frescos, os inclinaréis por una copita de amontillado.

Botella de Palo Cortado

Ahora veremos los tipos de vinos pertenecientes a aquellos que van hasta los 17 grados de alcohol. Son vinos en donde la bota en los que se guardan se llena completamente, a diferencia de los anteriores, que se dejaba una parte para que entrara el aire. El tono amarillento de los vinos anteriores pasa a ser oscuros en estos. La curiosidad de estos vinos es saber que todos parten del mismo tronco, pero es la forma de crianza los que los distingue, incluso en su color.

OLOROSO

Es un vino muy aromático, aunque a mí me llega a parecer del olor de la nuez. De color castaño oscuro, suele ser alto de alcohol, entre 18 y 20 grados, y con mucho dulzor. Lo mejor es tomar fresquito, y solo, para degustar más intensamente la peculiaridad de su sabor intermedio entre el seco y el dulce.

RAYA

Se llaman así a los vinos que, en su proceso de elaboración, no alcanzaron el aroma del oloroso. En realidad, son muy difíciles de encontrar, ya que muchas bodegas a este tipo de vino también lo denominan oloroso. El nombre proviene de la curiosa tradición que los bodegueros tienen de marcar con tiza las botas de vino que perdían su condición de oloroso.

PALO CORTADO

De los vinos más interesantes, pero que, hoy en día, no se suele pedir mucho en los bares, con lo que tiende a perderse. Es de los más sabrosos, con el aroma de un oloroso. Su nombre proviene también de las marcas que los catadores hacían sobre las botas, en este caso, una raya vertical cruzada con otra. Ideal también para tomar solo, con tapas, o este ya en comida.

PEDRO XIMENEZ

Mi favorito, particularmente para mí. El vino toma el nombre de la uva con la que se elabora, usándose para realizar vinos muy dulces. Su origen viene de un flamenco que combatió en los ejércitos de Carlos I, llamado Pieter Siemens, quien trajo unas cepas desde Alemania. Las cepas fueron criadas en Andalucía, y con el paso de los años, el nombre de Pieter fue denominado Pedro, y su apellido Siemens, con la gracia andaluza, fue trocado por el de Ximenez. Es un vino que se suele usar mucho en cocina, acompañando postres y meriendas. Una copita de Pedro Ximenez os deleitará.

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Categorias: Gastronomía



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