Cádiz en la Antigüedad, la vieja Atlántida

Baelo Claudia

Cuentan las historias y las leyendas, y debe ser cierto, sin duda, que en la más remota de las antigüedades, Cádiz era una isla. La franja de tierra que la une a San Fernando que hoy conocemos y podemos ver no existía. La visión que debemos tener de la antigua bahía gaditana es una serie de islas salpicadas acá y allá, una especie de legendario archipiélago, un rincón casi intransitable para navegar, cerca del Estrecho de Gibraltar.

Aún las historias y las leyendas cuentan más. Las islas que sobresalían del mar sólo eran los restos de un continente mucho más antiguo que el océano Atlántico se había tragado literalmente. Dicen que aquel continente era ni más ni menos que la Atlántida. No lo digo yo así porque sí, sino que ya hasta el propio Platón lo cita en dos de sus grandes obras, el Timeo y el Critias.

Las gentes que habitaban la isla de Cádiz y su bahía hace unos 3500 años eran de procedencia desconocida. Nunca se sabrá si eran descendientes de otros que viajaron hasta allí en busca de la Atlántida perdida, o bien eran los supervivientes de aquel terrible y mítico cataclismo que sepultó bajo las aguas a la bahía.

Lo que sí se sabe y podemos aventurar a decir es que los tartesios llegaron a esta zona sobre el 1000 a.C. Muchos de los grandes historiadores clásicos hacen de Cádiz la cuna de la cultura tartésica. La ciudad había sido fundada un poco antes, sobre el 1100 a.C, por comerciantes de Tiro, fenicios que vivían en lo que es hoy en día el Líbano.

Esctos comerciantes le dieron el nombre de Gadir, que significaba en su lengua “reducto” o “fortaleza”, ya que desde sus orígenes Cádiz fue precisamente un reducto difícil de tomar. En esta Gadir, precisamente, construyeron un templo de enormes dimensiones dedicado al dios Melkart, protector de la navegación y el comercio, al que los griegos, mira por dónde, lo llamaban Hércules.

Muchos fueron los grandes historiadores y escritores clásicos que citan en sus obras a este maravilloso templo. La mayoría de ellos aseguraban que aquí se guardaban las cenizas de Hércules, el gran héroe de las leyendas. También fue el templo en el que se encontraba de visita César, aquella noche en la que, por los augurios del destino, soñó que mantenía relaciones ilícitas con su madre, hecho que fue interpretado por los sacerdotes como que, en el futuro, César dominaría la tierra. Lo que son las cosas, ¿no?.

Imprimir

Categorias: Historia de cadiz



Deja tu comentario