Fiestas y gastronomía en Chiclana

Chiclana

Tengo que reconocer que me encanta Chiclana, tan coqueta, tan blanquita y marinera. Esa pequeña ciudad turística rodeada de pinares en la que tanto me gusta callejear, sobre todo las mañanas de verano o al atardecer, al fresquito, o las tardes de solecito en invierno, sentándonos en algunos de sus bares y probar sus tapas y sus vinos.

Chiclana lo tiene todo para darnos y pasarlo bien. Aunque en los últimos años se ha convertido en una ciudad importante, quizás el cariño que le tengo hace que aún la siga llamando en diminutivo. Y eso que ya ha superado la barrera de los 70.000 habitantes.

Fiestas

Y es que en Chiclana me lo he pasado tan bien, con sus fiestas… Tantos recuerdos se me vienen a la mente, y creo como al de tantos que vivimos en la provincia, con el carnaval de la localidad en febrero. La alegría y la algarabía que se vive en esas fechas contrasta con el silencio y el recogimiento que, poco después, acompaña a la Semana Santa, otra de las grandes fiestas chiclaneras. Sus pasos sobrecogen a la población, y las saetas se escapan entre la emoción de los presentes.

En torno al 13 de junio se celebra una de las ferias más representativas de la ciudad, la de San Antonio. El mes de junio hay que quedarse también con las noches de San Juan, del 23 al 24 de junio, cuando se queman los Juanes y las Juanas, y es muy típico ir de bar en bar tomando las tazas de caracoles. Pocas semanas después, una ciudad marinera como Chiclana no puede por menos que celebrar a la Virgen del Carmen el 16 de julio, con una procesión marinera entre la Barrosa y Sancti Petri.

Julio concluye con la tradicional festividad de Santa Ana el día 26, en el que, en las inmediaciones de su ermita, tiene lugar una verbena y fuegos artificiales. El 8 de septiembre es el día de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de Chiclana. Ya por último, el 1 de noviembre, se celebra Tosantos. Ese día los comerciantes del mercado hacen de sus puestos un teatro hecho con los productos que ponen a la venta, mientras en las pastelerías y confiterías la gente se arremolina ante los huesos de santo.

Gastronomía

En Chiclana se come de lujo, como en toda la provincia. Una ciudad de la costa que se precie no puede por menos que ofrecernos un pescado de categoría, que aquí se mezcla con los productos de la huerta. No se os ocurra venir a Chiclana y no probar la berza chiclanera, o los alcauciles con chícharos, las tortillitas de camarones o un surtido de pescaíto frito. En un bar me comentaron que el más tradicional, por costumbre, suele ser la lisa a la teja (la lisa es un pescado de estero asado con salicor, hierba de la salina, y que se sirve en teja.

El langostino, aunque un poco más pequeño que el de Sanlúcar, es excelente. Si a eso lo unís con las tapas de chacinas, como la butifarra y la longaniza, y luego os dais una vuelta por el convento de las Madres Agustinas Recoletas y sus famosas tortas de almendra, el viaje hasta Chiclana habrá valido más que la pena.

Ah!, se me olvidada, por Dios. El famoso moscatelito de Chiclana, un vino dulce que resucitaría a cualquiera. Ojito porque es un caramelo que se sube a la cabeza sin darnos cuenta. No me digáis que Chiclana no vale la pena. Eso, y mucho más, os lo aseguro.


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