La carne de bragueta

Cádiz

La guasa y la gracia de los gaditanos no tiene límite. En la memoria han quedado grabadas historias populares en las que el derroche de ingenio y entereza han salido siempre a la puerta para ahuyentar a escobazos a todas aquellas adversidades que llegaban. ¡ Cuántas angustias y calamidades no han tenido que afrontar los gaditanos en sus tres mil años de historia !.

Y es que Cádiz dependía exclusivamente del mar. Nada de tierras en las que cultivar unas simples lechuguillas, o unas gallinitas que pongan sus huevos. Entonces, cuando la pesca no era buena, ya me contarán ustedes cómo había que salir al paso. La agudeza y el ingenio eran los mejores alimentos contra el hambre.

Los barrios más populares de la ciudad eran los que más sufrían las inclemencias de estas adversidades. Uno de ellos era el de Santa María, el castizo barrio gitano de Cádiz, en el que hasta los payos eran flamencos y sabían llevar el compás y el toque. Algunos de sus vecinos trabajaban en el matadero, matando las reses. Les quitaban la piel, las descuartizaban y las preparaban para su traslado al mercado.

Pero claro, el hambre que había en sus casas hacía que, entre corte y corte, desapareciera alguna que otra tajada de la res, escondiéndola en el interior de los pantalones, a la altura de los calzoncillos, que en aquellos años se ajustaban en la mitad de la pierna.

Luego, concluida la jornada de trabajo, volvían a sus casas con la preciada carga acumulada entre sus piernas. ¿Y qué se piensan ustedes?, ¿la asaban?, ¿la preparaban en un suculento guiso con el que agasajar a toda la familia?. Eso hubiera sido lo más natural, pero aquí en Cádiz, como se dice, tenemos salida para todo.

Aquel era un manjar valioso para sus humildes mesas, y eran muchas las cosas que faltaban como para darse un festín de tal calibre. La cogían, la troceaban e iban de puerta en puerta vendiéndola al grito popular de ¡¡¡¡ Carne de bragueta !!!, ¡¡¡ carne de bragueta !!!. Y os puedo decir que la gente más acomodada se la quitaban de las manos.

Claro, la vendían a mitad de precio que los carniceros que la ofrecían en sus puestos del mercado. Ya os decía yo que el ingenio y la guasa nacieron en esta tierra…

Imprimir

Categorias: Tradiciones



Deja tu comentario